Julio Anguita, ante el XX aniversario del nacimiento de IU

Archivado en Política y Sociedad • Fecha: 28-04-2006 09:10:24

Prensa digital / La Razón.- Izquierda Unida cumple hoy veinte años de vida. Un aniversario agridulce que Julio Anguita, coordinador general de la coalición entre 1989 y 2000, recuerda desde su Andalucía natal con serenidad y sin añoranza del pasado. Aunque ha llegado a «detestar» ciertas actitudes de la Prensa, no tiene inconveniente en dar su opinión, también, acerca de los temas más candentes de la actualidad política.

- Veinte años no es nada, dicen. ¿Cómo recuerda los primeros tiempos de IU?

- La idea era muy antigua. Algo se había hecho ya en Andalucía, se trataba de proponer una política de convergencia que aglutinase tanto fuerzas políticas como a organizaciones sociales e intelectuales. Tras el referéndum de la OTAN hicimos un análisis del PSOE y nos dimos cuenta de que se había derechizado. Íbamos a realizar un programa con vocación de alternativa. Queríamos situarnos a su izquierda y luchar por el pleno empleo, la paz...

- Se dice que tras el abandono del primer coordinador general, Gerardo Iglesias, cuando entra usted en escena, el PCE adquiere soberanía dentro del partido y surgen otras corrientes como Nueva Izquierda.

- En el seno de IU siempre ha habido cierta atracción por parte del PSOE. Yo siempre pensé que IU debía ser independiente y debía tratar al resto de partidos de tú a tú. No tiene nada que ver. Yo tenía un programa. Eres de izquierdas cuando se proponen alternativas, medidas, no por las siglas a las que uno pertenezca.

- ¿No eran de izquierdas los que impulsaron ese movimiento?

- Existen dos líneas de trabajo. Se puede pactar sin supeditación, con ideas y sin ir de gregario. López Garrido, Cristina Almeida y Antonio Gutiérrez tienen ya su premio.

- ¿Qué premio?

- Detrás de esa corriente estaban no sólo unas ideas distintas a las de IU, sino el PSOE y CC OO. Ahora todos están donde se ganaron estar. Menos Nicolás Sartorius.

- Las malas lenguas cuentan que usted llevó a cabo una política de acoso y derribo al PSOE con Aznar, la famosa «pinza» para acabar con Felipe González...

-Un invento, en absoluto. No es posible. Recordemos que la corrupción salpica y emana del PSOE en ese momento. A mí Aznar, tomando un café en el Congreso, me pide que apoye una moción de censura que ni siquiera acepté. Lo de la «pinza» fue un montaje orquestado también desde el Partido Socialista y otros sectores como Prisa.

- ¿Mantiene contacto con Aznar, cómo lo ve?

-No, no hablamos y no me gusta lo que hizo. Fui durísimo con el tema de Irak.

- ¿Y el presidente Zapatero?

-No le conozco, ni le recuerdo de los pasillos del Congreso. No me quedé con su cara. Claro que yo iba a mis cosas y no estaba observando el paisaje del hemiciclo. Pero en estos dos años han faltado políticas sociales.

- ¿Qué opina de la tregua de ETA?

- Estoy oyendo una serie de disparates y majaderías que me quedo frío. Yo creo que ETA, por segunda vez después de aquello, ha puesto un balón en el campo y ahora hay que jugarlo y para ganar ese partido hay que tener las ideas muy claras. ¿Hasta dónde se está dispuesto a negociar? ¿Llegamos al derecho de autodeterminación? Yo sé que hay que llevar todo este tema con prudencia, pero esto no es jugar a las casitas.

- ¿Es éso lo que cree la sociedad?

- Aquí se está lanzando una idea a los pueblos español y vasco de que bueno, estamos en un momento magnífico, no se va a matar..., pero ahora qué. Hay que preguntar: ¿Cuál es su proyecto de Estado, señor Zapatero, señores de HB?

-¿Deberían explicarlo?

-La última palabra la tiene la sociedad y tiene que estar informada, por si algún día tiene que decidir.

- ¿Confía?

- Esto va a ser muy difícil y lo que no podemos es estar todo el día haciendo juegos de malabarismos con palabras y otros hablando de la unidad de España como lo haría, supuestamente, Don Pelayo.

-¿ Y las víctimas?

- Vamos a hablar claro. Las víctimas no son interlocutores políticos de nadie. Representan a unas familias golpeadas por el dolor de los asesinos y sí hay que tener cuidado con el lenguaje. Pero no son válidos.

-¿Se cree la mano tendida del PP con respecto al alto el fuego?

-En principio a todos se les supone buena intención hasta que no se demuestre lo contrario. Ellos dicen: «no pague usted un precio político». Si incluso ustedes, señores del PP, con Aznar, intentaron pagarlo, e hicieron bien. Y que no cuenten ahora que se reunieron para preguntarle a la banda si abandonaban las armas o no, que yo tengo memoria, tengo relación de casos y me acuerdo. Por qué ese afán de querer buscar votos en las próximas elecciones con el «yo no me mojo». Yo entiendo que hay cierta cobardía y no todos son capaces de decir las cosas claras.

- ¿Y del Estatut qué opina?

-El problema de los estatutos es que lo están haciendo a pellizcos, y el resultante de tanto pellizco va ser una especie de monstruo de Frankenstein, sin una visión coherente del conjunto.

-¿Cómo debería haberse hecho?

-Con un solo cambio de la Constitución. Realizar diecisiete cambios es como hacer un gazpacho, un galimatías. Como el texto estatutario de la Comunidad Valenciana, que habla del Reino de Valencia, dentro del Reino de España y luego se escandalizan por utilizar la palabra nación en Cataluña. Este gazpacho, este galimatías de todos los días querer quedar bien con los titulares, que digan que se tiene que cambiar la constitución, pero luego que es intocable... Es un cachondeo y el chiringuito se tambalea.

- ¿Ha sido una modificación de la Carta Magna?

- Todos los presidentes del Gobierno se han saltado la Constitución a la torera cuando les ha dado la gana. Como cuando España entró en la segunda OTAN, sin referéndum ni consulta ni nada, por ejemplo.

- Volviendo al aniversario, ¿cómo cree que debería Izquierda Unida afrontar su futuro?

- Yo no doy consejos. Pero a lo mejor la coalición necesita un periodo de reflexión, olvidar los titulares de los periódicos y pararse a pensar. Yo sé que eso no es rentable políticamente. Pero sigo pensando que es la única salida posible.

Política chabacana. No se le puede hablar de la supuesta pinza con el Partido Popular de José María Aznar con la que le acusan de haber intentado derribar al Partido Socialista en tiempos de Felipe González porque saca todo su genio andaluz. Puede demostrar -afirma- que nunca existió esa intención y lo hará en un libro que está escribiendo.

Cenaba con Aznar, con el que no ha mantenido el contacto, porque González no le recibía. Se considera un simple maestro de escuela y una fuente de datos y cifras del pasado más reciente. No cree que la política haya cambiado en los últimos tiempos. Es más, asegura que sigue siendo igual de chabacana y oscura que en otros años. Por eso, quizá, no habla mal de ninguno de sus compañeros. "Yo entiendo que usted se dedica a esto, pero no le voy a dar ningún titular", o mejor dicho, da los que quiere dar.

Escrito por Prensa Alternativa
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