Medios alternativos / Kaosenlared.- Si todo el que teniendo una posición prominente social traspasa ante una gran audiencia los límites del respeto a un pueblo y a su cultura expresando lo que socialmente sólo podría admitirse en privado, no está ejerciendo su libertad de expresión: abusa de ella, la violenta y se convierte en un miserable jugador de ventaja.
Y si encima se prevale de su condición de aforado (lo que equivale a que en último término le juzgarían jueces benévolos inter pares), concitaría otra ventaja respecto a un ciudadano ordinario.
A lo que ha dicho el presidente del Tribunal Supremo esta mañana en la televisión le podría haber respondido un catalanohablante: “Si yo no tuviese que pertenecer a este Estado donde abundan los castellanohablantes prepotentes e indeseables, aprendería el castellano por si quisiese salir alguna vez de mi tierra”. Véase a dónde conduce la ligereza de un petimetre...
No hay derecho a que gente de medio pelo se infiltre en las instituciones. Todo el mérito de muchos cabestros que se encuentran de la noche a la mañana con un bastón de mando consiste en haber pasado por una universidad (cuando somos millones y millones los que hemos pasado por ellas) y porque luego se han posicionado ideológicamente en planteamientos políticos y sociales de la caverna que comparten entre varios que no tienen apenas escrúpulos. Y ahora se encuentre de pronto al frente de una corporación compuesta de miembros a los que por definición el pueblo imagina ecuánimes y ponderados.
Ha rebajado con su disparate hasta tal punto la buena opinión, y en muchos casos la esperanza, que los ciudadanos depositan en un juez que no imparte justicia sólo al amparo de las leyes sino con un alto grado de discrecionalidad, que las palabras de este pequeño mental pueden retumbar en determinados ámbitos como la explosión de una bomba cercana.
Que es un filisteo lo prueba que no repara en que un juez de jueces que se muestra despectivo con una lengua del Estado tratándola de folclórica e irrelevante (siendo así que millones de personas sienten y piensan en esa lengua que menosprecia), está distanciando innecesaria, brusca y emocionalmente a la cultura y lengua a que pertenece el ofensor, de la sensibiblidad del pueblo y lengua ofendidos. Echar leña al fuego sólo se les ocurre a los necios, y provocar rencillas, animadversión y odio, sólo a los pendencieros. Y que necio y pendenciero sea el presidente de un Alto Tribunal de un país, es lo último que cabía imaginar.
Jaime Richart
