Medios alternativos / Indymedia Canarias.- Desde hace algún tiempo se vienen reabriendo en distintos espacios los debates sobre la necesidad de construir un referente político de la izquierda y los movimientos sociales de Canarias. En realidad, no se trata de un debate novedoso, ya que a lo largo de la década de los noventa, el debate se reabrió, en repetidas ocasiones, casi siempre al calor de las convocatorias electorales. Después de más de una década de debate (si a lo que ha habido se le puede denominar debate), tres hechos han vuelto a poner sobre la mesa la cuestión sobre la necesidad de construir un referente político de la izquierda y los movimientos sociales en Canarias: (1) el surgimiento de Alternativa Ciudadana 25 de Mayo, en el mapa político-institucional de Lanzarote; (2) las grandes movilizaciones ciudadanas contra los megaproyectos de infraestructuras en Tenerife, que han dado lugar a la aparición de la Coordinadora de Pueblos y Barrios de Tenerife y a Asamblea por Tenerife; y (3) los repetidos fracasos electorales de las distintas opciones políticas, que supuestamente podrían representar las ideas y las aspiraciones de dichas respuestas sociales (IUC, LVC, APC…). En este contexto se reabre la cuestión.
El debate tal y como se está planteando actualmente se basa en dos consideraciones que vale la pena discutir, porque desde nuestro punto de vista, suponen un mal planteamiento de la cuestión, y por tanto, están en el origen de los problemas que padece la izquierda canaria. Básicamente, esas consideraciones serían:
a) En los últimos años existe una incipiente movilización social y ciudadana, que está respondiendo al modelo de desarrollo y al poder político en Canarias, síntoma de una nueva etapa, y de la pérdida de legitimidad del actual modelo económico/político. La cuestión ahora es cómo traducir eso en una opción política electoral, preferiblemente de ámbito canario, que tenga posibilidad de éxito electoral (conseguir representación en parlamento autonómico, cabildos y ayuntamientos).
b) La construcción de una opción política con éxito electoral es posible. Depende de la voluntad real de unirse que tengan las distintas partes. Esa voluntad es suficiente porque estamos de acuerdo en "lo sustancial". Poniendo sobre la mesa lo que nos une, dejando a un lado dogmatismos, antiguas rencillas, la mayoría de las veces personales, y recogiendo las aportaciones de los movimientos sociales esa opción es posible. AC es una demostración y un ejemplo a seguir. Es hora de dejar de lamentarnos de lo mal que estamos y tomar la iniciativa.
A partir de estas consideraciones, el debate sobre la construcción de una opción política de la izquierda canaria se plantea desde una visión instrumental-voluntarista (qué se puede hacer, cómo, cuándo…), dando por hecho que la identidad, el sentido y la función del instrumento mismo (la izquierda canaria o los movimientos sociales) como parte de la sociedad canaria están clarificados.
Las discusiones se centran en si es el momento o no, o en el papel de lo político institucional y de los movimientos sociales. Todo ello además dibujando un terreno de supuesta decadencia política institucional, que nos aporta un escenario favorable, un enemigo unificado (todos los grandes partidos y el empresariado canario) y dibuja un camino claro a seguir, dejando todo en manos de la voluntad-instrumental. El pesimismo catastrofista (análisis de la problemática canaria) y el optimismo autocomplaciente (interpretación de los movimientos sociales) se dan la mano, dando lugar a un irrealismo que provoca una falta de entendimiento con la sociedad canaria.
Aquí es donde se situarían los tres problemas graves que tiene todavía la izquierda canaria, y que están en la base de su dilema actual:
a) una incorrecta (auto)interpretación de la crisis de la izquierda canaria y de la situación de los movimientos sociales,
b) un desenfocado análisis de la problemática canaria (como consecuencia de a), y
c) una problemática relación con la sociedad (como consecuencia de a y b).
Sobre la crisis de la izquierda canaria. Durante la década de los noventa se constató definitivamente la situación de debilidad de la izquierda, tanto en el plano político como en el ideológico. Todos los proyectos político-ideológicos de los años anteriores se vinieron abajo. La izquierda más tradicional se adhirió con cierto éxito al social-liberalismo estatal o al nuevo nacionalismo hegemonizado por la derecha, a costa de ir perdiendo su propia identidad. La nueva izquierda que surgió a mediados de los setenta y primeros ochenta naufragó al no saber redefinir su propia identidad en relación a las nuevas necesidades ciudadanas.
Más de tres lustros han pasado desde que la crisis internacional y la crisis particular de la izquierda canaria se hicieron visibles, y seguimos en el mismo punto: en cómo redefinir la identidad, sentido y función de la izquierda canaria en relación con los cambios de mentalidades y las nuevas necesidades de la sociedad canaria.
Lo primero sobre lo que habría que reflexionar es sobre el alcance y el significado de la crisis. La mayoría de las veces la referencia a la crisis de la izquierda se hace en el sentido de "la mala situación que traviesa la izquierda" o "la debilidad de la izquierda". Sin embargo, la situación parece ser más de "declive" o "decadencia" de la izquierda. La diferenciación, lejos de ser nominalista, tiene cierto alcance. Muy esquemáticamente, si hay crisis, es decir una mala situación o una situación de debilidad, teóricamente hay diversas posibilidades abiertas, incluidas la de curación, es decir, la superación de la crisis y la vuelta a una "buena situación de la izquierda". Esto suscita dos problemas: la idea de que antes la izquierda estaba curada, y ahora está enferma, y la idea de que es posible una nueva curación, básicamente, una vuelta al pasado, cuando la izquierda estaba curada.
Este enfoque de la situación, aplicado a la izquierda canaria, y entendiendo a esta como fenómeno social, político e ideológico a gran escala, con una base social amplia, que es a lo que se aspira, no ha aceptado aún las exigencias implícitas de su actual situación: por una parte, que gran parte de las fórmulas que ha utilizado antes son erradas; y por otra parte, ponen de manifiesto que aún no se ha realizado una reflexión suficiente que señale los errores. Por lo tanto, se hace necesario afrontar la crisis de identidad, sentido y función de la izquierda canaria sin recurrir a los elementos político-ideológicos que han dado lugar a la actual situación. Se trata de construir nuevos parámetros político-ideológicos, nuevas ideas de disidencia y resistencia, que tengan como punto de partida la crítica de la política que realmente ha hecho la izquierda y la crítica de las ideologías desde la que ha hecho esa política.
No se trataría de rehacer o de intentar resucitar lo que existió sino de crear algo en cierto grado nuevo. La izquierda canaria como fenómeno social, político e ideológico a gran escala no puede ser resucitada. Y esto es así porque la sociedad en la que se apoyó la existencia de la izquierda canaria, como movimiento político de masas, se ha modificado sustancialmente, porque muchas de sus reservas ideológicas se han ido agotando, porque su experiencia práctica da un saldo muy ligero. La actual sociedad canaria difiere en gran medida de aquella de los años setenta y ochenta, cuando la izquierda canaria se convirtió en un movimiento popular amplio. ICAN lo entendió perfectamente y optó por entrar en la política de poder y renunciar a generar un movimiento popular sobre el que apoyarse. El pulso actual de la sociedad canaria, más allá de cuestiones puntuales, no parece anunciar las bases de un movimiento de masas como el que fue entonces.
Esto no quiere decir que la izquierda no vaya a seguir existiendo, tal vez por mucho tiempo, como cauce de representación política, autoidentificación colectiva, conjunto de instituciones políticas y sindicales… En estos y otros aspectos va a seguir habiendo izquierda, y seguirá siendo funcional el horizonte izquierda-derecha. Aunque la distinción izquierda/derecha no engloba todas las delimitaciones de la sociedad (al igual que otras de tipo dicotómico: nacionalista/antinacionalista, por ejemplo).
Por último, si señalamos que las organizaciones de la izquierda canaria (partidos y sindicatos) se caracterizan, además, por ser poco representativas y contar con una base social muy reducida, concluiremos que no están preparadas para afrontar una tarea de construcción a gran escala, a no ser que ello suponga plegarse a las dinámicas impuestas por la lógica de la política del poder: sectarismo, integración en el sistema institucional combinado con pretensiones radicales, en fin, una vuelta a la "buena situación" de la izquierda canaria del período 1977-1987. La unidad de las pequeñas organizaciones de la izquierda canaria, sin ser algo negativo, no servirán ni para la construcción de una opción política a gran escala, ni para jugar un papel en el plano político institucional canario.
En este sentido, la construcción de un referente político a gran escala de la izquierda canaria supera al planteamiento instrumental-voluntarista que se viene planteando, y nos plantea la cuestión desde un planteamiento de identidad, función y sentido.
El horizonte de este planteamiento apunta a la construcción de una nueva identidad y unas nuevas funciones. Lo que se necesita por encima de todo es un nuevo horizonte de sentido, tanto práctico y como teórico, que no reproduzca los defectos de la izquierda, y que se diferencie de esta entre otras cosas en el desarrollo de un pensamiento crítico, que no debe estar recogido en una ideología simple y cerrada; una cultura asociativa más democrática, rica y creativa; unas relaciones con la política oficial más críticas y distantes; un sistema de relación con la sociedad más horizontal, muy lejos del vanguardismo autosufieciente, una mayor apertura hacia la juventud y con un tipo de acción realmente proyectada hacia el conjunto de la sociedad. Se trata con todo ello de contribuir desde estas Islas a la creación de una nueva subjetividad de cambio social, disidencia y resistencia, distinta de lo que ha sido la izquierda.
El análisis de la sociedad canaria y el papel de los movimientos sociales. La falta de autocrítica con respecto a las ideas y las formas de pensar de la izquierda canaria, hacen que esta maneje básicamente el mismo horizonte ideológico de hace al menos dos décadas, bajo el disfraz de nuevos conceptos. Esta situación tiene consecuencias evidentes en la forma de analizar la sociedad, y en la forma de relacionarse con ella.
No realizaremos aquí un análisis pormenorizado de la sociedad canaria, de la evolución registrada en la esfera de la subjetividad y las mentalidades, cosa por otro lado a la que la izquierda canaria no dedica muchas energías. Es llamativo como la izquierda se dice representar los intereses de las mayorías sociales, al tiempo que le dedica poca atención a las actitudes, las tendencias principales respecto a las mentalidades y sus cambios. La izquierda canaria habla poco de la sociedad canaria. En los últimos tiempos ha habido gran cantidad de análisis sobre las respuestas sociales (minorías sociales activas), pero también una enorme confusión entre sus intereses, objetivos y valores, y los intereses, objetivos, valores y formas de pensar de las mayorías sociales (sociedad). Y no conviene confundir una cosa con la otra, ya que eso sólo lleva a mantener una relación problemática con la sociedad.
Analizar los cambios en las mentalidades, los valores y en las formas de pensar de la sociedad canaria, es fundamental para el impulso de una actividad realmente proyectada en la sociedad por parte de minorías sociales activas. En la medida en la que esas minorías sociales activas impulsen iniciativas (sociales, políticas, culturales…) que se correspondan o no con valores, objetivos y formas de pensar de la mayoría de la sociedad, tendrán más éxito o menos éxito.
A falta de un debate de ideas claro, han alcanzado predicamento análisis de la sociedad en los que predomina la denuncia, y el interés por reforzar el campo propio, más que la reflexión crítica y autocrítica. Hay varios ejemplos en los últimos tiempos de este tipo de pensamiento, que sobre todo se expresa en internet, y en revistas minoritarias.
Hay varias cuestiones problemáticas que se suelen repetir en ese tipo de análisis de la sociedad canaria y los movimientos sociales:
A) una confusión absoluta entre los objetivos, percepciones, intereses, valores y formas de pensar de las respuestas sociales y las de la sociedad. En todo caso, habría que analizar cuáles se corresponden más, cuáles menos y cuáles no se corresponden.
B) La idea de que la sociedad canaria vive inmersa en una conflictividad social elevada, que expresa el inicio de una fase antagónica/dicotómica entre la sociedad y un poder político-económico, en decadencia. Una idea que no se corresponde con el tipo de sociedad que se ha venido conformando durante la etapa democrática, más serena y racional. En todo caso, una sociedad con menor dramatismo y mayor madurez democrática (producto del bienestar canario).
C) Una visión ideológicamente dogmática y cerrada de la realidad social, política y económica, que confunde realidades con aspiraciones, la teoría y la propaganda; con vanas pretensiones predictivas, que representa un mundo sin fisuras, con gran uniformidad del adversario, y con una tendencia al catastrofismo. Una visión ideologicista distorsionadora que se construye, por tanto, en un contexto en el que sólo existe el malestar canario, producto del modelo político-económico que surgió de la dictadura franquista.
D) Una idealización de los movimientos sociales y de la respuesta ciudadana, al que se presenta como nuevo sujeto autónomo de transformación y expresión del antagonismo existente en la sociedad canaria. En este sentido, es curiosa la repetida (y no por repetida cierta) distinción que se hace entre movimiento vecinal y movimiento ecologista, así como la interpretación clasista del movimiento, como una nueva forma de expresión de cierto movimiento obrero distanciado de los sindicatos. Da la sensación de que estas distinciones son más producto de intereses políticos particulares, que de verdaderos elementos de identificación y diferenciación de las respuestas ciudadanas.
E) Una discutible relación entre los ámbitos políticos y los sociales, en la que lo político es sinónimo de madurez y lo social de transición, en la que lo social debe tener una salida política institucional.
En definitiva, una reactivación de muchas viejas ideas bajo nuevas formas. Una rehabilitación parcial del pensamiento tradicional de la izquierda con nuevos nombres que, desde nuestro punto de vista, son poco útiles tanto para las necesidades de las respuestas sociales existentes, en la línea de construir esa nueva subjetividad de cambio social, disidencia y resistencia, que sea capaz de dirigirse a amplios sectores de la sociedad canaria, para su transformación.
Sobre la experiencia de Alternativa Ciudadana (AC) y las posibilidades de "exportar" el modelo.
No sabemos hasta qué punto, esta forma de pensar que hemos venido describiendo, muy resumidamente, está presente en el seno de AC. Lo cierto es que su surgimiento y evolución, parecen ser síntomas de cierto distanciamiento crítico.
Su relativo éxito electoral y su particular proyección social han situado a AC en el centro de los debates sobre la posibilidad de refundar la izquierda canaria, trasladando el modelo y la experiencia a otras islas. Anteriormente expuse nuestra opinión sobre la posibilidad de refundar la izquierda canaria. A continuación nos detendré en la idea de exportación del modelo de AC a otras islas.
El surgimiento de AC tiene sus orígenes en varias experiencias organizativas y de movilización recientes que le antecedieron, y que en buena medida propiciaron que se conformara: Foro de Lanzarote, Alternativa de Vecinos de Tinajo, la manifestación del 27S, la lucha de Berrugo… Pero, más allá de esas experiencias cercanas, que ayudan a situar el inmediato surgimiento de AC, también es necesario tener en cuenta otros elementos, que explican no sólo su surgimiento, sino su relativo éxito electoral y su potencial proyección social en Lanzarote. Estos elementos serían básicamente, y por orden de importancia: (1) la extensión de una conciencia medioambientalista en la mayoría social de la isla, a la que contribuyen elementos tan dispares y controvertidos como la Declaración de la isla como Reserva de la Biosfera, el papel de César Manrique como icono de la defensa medioambiental, las luchas del movimiento ecologista o la Moratoria Turística del Cabildo de Lanzarote; y (2) la crisis de corrupción e inestabilidad política que ha caracterizado a las instituciones de Lanzarote, al menos, durante los últimos treinta años, y la percepción social de esa situación. Sin estos elementos (seguramente dejemos atrás alguno más), no se podría entender tampoco todo lo que define y rodea a AC. Con esto, lo que queremos destacar es que AC no sólo es producto de la voluntad de las personas que quisieron crearla (cuestión indispensable, claro está), sino que está condicionada también por un proceso histórico particular y por un contexto social y comunitario concreto.
Dicho esto, pensamos que las ideas de "exportar" la experiencia de AC, para tener éxito (social y político) en el resto de las islas, y más concretamente en Tenerife, que es de lo que se viene hablando, están abocadas al fracaso, si nos basamos en las mismas razones que dieron lugar al fenómeno de AC: la voluntad de las personas (lo que predomina entre las personas y las organizaciones es la desconfianza y el sectarismo) y la situación política de la isla, y la percepción social de dicha situación (no es lo mismo la percepción de un movimiento o grupo concreto, que de la mayoría de la sociedad). Si a ello añadimos además, la existencia de organizaciones y personas caracterizadas por unas formas de pensar propias de la izquierda tradicional y el nacionalismo excluyente, la respuesta negativa se reafirma.
Es cierto que la defensa del medioambiente y la crítica a las actuaciones especulativas son valores extendidos entre la inmensa mayoría de la sociedad canaria, tal y como demuestran el hecho de que las manifestaciones más numerosas en los últimos años han sido en defensa del territorio y del medioambiente, y contra actuaciones urbanísticas especulativas, exceptuando las movilizaciones contra la guerra de Irak. Sin embargo, no sé hasta qué punto dichas movilizaciones están relacionadas con lo que se denomina como efecto "no en mi patio trasero", que se utiliza para referirse a aquellas movilizaciones de ciudadanos que se ven afectados directamente por actuaciones especulativas o antiecológicas. Los límites de la conciencia medioambiental en Canarias quedaron bien reflejados en los sociobarómetros del Gobierno de Canarias (2002), que reflejaban que un 78,1% de la población canaria consideraría el problema medioambiental como prioritario y urgente, o que un 81,30% consideraba que había que tener en cuenta la protección del medioambiente frente a la idea de desarrollo económico; mientras que en la consideración de los principales problemas de Canarias y de cada isla, el medioambiente y la actuación urbanística, nunca superaron el 8,6% ni el octavo puesto (en Lanzarote, precisamente).
Los debates que se han propiciado en Asamblea por Tenerife, sobre la necesidad o no de participar en las elecciones, esconden diferencias importantes, no sólo en la manera de interpretar la relación entre lo social y lo político, sino sobre todo en las formas de pensar la identidad, el sentido y la función del instrumento mismo. La decisión de no participar en las elecciones, idea muy asentada entre la mayoría de jóvenes de Asamblea por Tenerife, es una clara muestra de la distancia existente no sólo entre las minoritarias organizaciones de la izquierda canaria y la sociedad, sino de aquellas con el incipiente movimiento de respuesta sobre el que quieren basar su éxito electoral. En este sentido, la evolución de Asamblea por Tenerife, hay que entenderla no como un nuevo sujeto de cambio social sobre el que reconstruir la izquierda canaria, sino como un espacio donde se puedan propiciar elementos nuevos de disidencia y resistencia, para la construcción de una nueva subjetividad de cambio social, distinta de la izquierda canaria, y cuya inmersión electoral no habría que descartar.
AC es una minoría social y política activa, con capacidad de influir en la sociedad de Lanzarote. Su peculiar pretensión de no ser un partido, más allá de formalismos, y participar en la política institucional, y el potencial aumento de apoyo social, hacen que sus preocupaciones, sus retos y sus problemas sean casi exclusivos entre el resto de experiencias de Canarias. Y esto es precisamente lo que suscita para muchas personas el verdadero interés por AC: su particularidad, su relativo éxito, su novedad… De ahí se derivan muchas preguntas prácticas, que desde otros movimientos venimos planteando durante la última década y que nos gustaría compartir y aprender con AC.
Preocupaciones que tienen que ver con el desarrollo de un pensamiento crítico, que no esté recogido en una ideología simple y cerrada; la crítica de la política y la acción poli(é)tica; la relación entre lo social y lo político; la democracia participativa; la formación de nuevos espacios de disidencia y resistencia desde el diálogo de generaciones y el encuentro de mentalidades; la creación de culturas asociativas más democráticas, ricas y satisfactorias… Sencillamente, opinamos que sobre todo esto es sobre lo que se podría conversar…
*Este documento fue elaborado para presentarlo como texto de debate en el marco de los 'Encuentros para conversar' que tenía previsto organizar Alternativa Ciudadana en el mes de noviembre de 2005 en Lanzarote. Finalmente esos Encuentros se suspendieron, por lo que decidimos seguir trabajando este texto en el seno de la Coordinadora de Canarias Alternativa. De esa discusión sale éste documento, concebido como un material de debate.
* Coordinadora de Canarias Alternativa
Islas Canarias. Octubre de 2005.
Algunas Referencias:
