
Republicanos / Ciudadanos por la República.- La Constitución monárquica de 1978 aparece cada vez con más fuerza ante los ojos de los trabajadores, de las capas populares y de los pueblos que forman el Estado español, como un fraude inmenso a la historia, a los luchadores que conquistaron la II República y al progreso.
Los prolegómenos de esta Constitución, con el asesinato de cinco antifascistas ejecutados el 27 de septiembre de 1975, después de una farsa de juicio ( como todos los juicios políticos de la dictadura ), indicarían el camino de la represión contra el movimiento popular que estaba decidido a desterrar el fascismo del poder del Estado. Los asesinatos de la calle Atocha y otros muchos a manos del aparato del Estado franquista constituyó la respuesta de las fuerzas reaccionaras a la voluntad de progreso del pueblo.
Un rey designado por el dictador, impuesto con la aquiescencia de las direcciones de las principales organizaciones políticas y sindicales de la época; una Constitución que garantiza la prepotencia y los privilegios de las castas parasitarias y especulativas, con la subordinación de la clase obrera y el pueblo a la explotación más sangrante del aparato del Estado monárquico. Ninguna responsabilidad para los que cometieron torturas, represión, crímenes y genocidio en la dictadura y ningún reconocimiento para aquellas víctimas del golpe de estado contra la República cometido por las fuerzas fascistas.
Hoy treinta años después, la burguesía más reaccionaria sigue imponiendo su política a una mayoría de ciudadanos. En términos de vida diaria la situación de las clases trabajadoras y populares no cesa de empeorar: la vivienda, lejos de ser considerado el bien social que es, se ha convertido en coto de especuladores y miserables públicos y privados; las condiciones de vida y de trabajo empeoran día a día; la última reforma del mercado de trabajo es una nueva agresión a los derechos sociales y laborales de los trabajadores. Toda una generación de jóvenes está atrapada en una espiral de paro, precariedad y bajos salarios que le impide desarrollar sus expectativas vitales. Sólo se permite una visión de los problemas y de las soluciones: la que conviene a la oligarquía que controla los mecanismos de poder de la monarquía borbónica, igual que antes controlara los de la dictadura franquista [...]
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