El gobierno es un anuncio.

Archivado en Política y Sociedad • Fecha: 22-09-2005 08:15:49

Nebera / Rebelión.- El tabaco mata, la velocidad mata, las drogas matan… y llenan las cajetillas de anuncios, las carreteras de anuncios y pantallas y vallas de anuncios.

Si el tabaco, la velocidad y las drogas matan por qué no los prohíben. En el Estado Español, como en otros muchos, el suicidio esta prohibido y penado por la ley lo que nos dice que el consumo, aunque sea moderado, de tabaco, drogas y velocidad debería estar ilegalizado. El gobierno con su permisividad se sitúa en la raya que confunde lo legal y lo ilegal.

Seguramente mi propuesta es simplista e infantil, soy consciente que es, en el mejor de los casos, una utopía.

El tabaco y sus impuestos hacen su consumo legal. El gobierno graba su consumo con impuestos directos e indirectos demasiado golosos como para prohibirlo porque mate. Es, dicen, la libertad individual de cada uno.

Las drogas presentan la doble cara de la hipocresía de la sociedad y del gobierno. Drogas permitidas y drogas prohibidas.

El alcohol es una droga cuyas perniciosas secuelas hacen de su consumo una denuncia permanente ante toda la sociedad. El consumo del alcohol, incluso el consumo desmesurado, es legal. Los impuestos que graban este producto hacen tabú la catalogación del alcohol como droga.

Las drogas a las que el gobierno dedica sus anuncios son, en su mayoría, de tráfico ilegal. Heroína, cocaína, hachís, crack, etc. son drogas que llegan a suelo patrio a través de sus fronteras, de contrabando, y cuya distribución no deja, en teoría, impuestos directos a las arcas del gobierno.

La velocidad y su limitación-prohibición-multa deja directa, consumo y sanciones, e indirectamente, vehículos cada vez mas potentes, en las arcas estatales unos dividendos demasiado codiciables para prescindir de ellos.

El gobierno nos anuncia que podemos morir, nos prohíbe suicidarnos, y nos vende el arma o armas necesarias para que lo hagamos, aunque sea poco a poco, siempre y cuando paguemos religiosamente los impuestos adecuados.

Al gobierno le importamos muy poco o más bien nada de nada.

Seguramente muchos podríamos vivir sin el consumo de ningún tipo de drogas y moderando nuestra velocidad, seguramente.

Esto nos iba a salir, al gobierno y a los ciudadanos, muy caro, mucho más si tenemos en cuenta la formula mágica que el gobierno socialista ha encontrado para subvencionar la sanidad es la decisión de gravar el consumo de alcohol y tabaco junto con el aumento de los carburantes. Drogas y velocidad.

El gobierno, los gobiernos, podrían limitar la velocidad de los coches en su fabricación, hay marcas que lo hacen a partir de los 250 kms/hora, y con ello el consumo de carburantes y la contaminación.

El gobierno, los gobiernos, podrían, por ejemplo, legalizar el consumo de muchas de las drogas cuyo mayor peligro reside precisamente en su prohibición y su adulteración. Con ello solucionarían, en parte, la proliferación de bandas dedicadas al tráfico ilegal de las mismas y potenciales peligrosidades.

La educación en el consumo y la no prohibición seguro que a la postre serían la mejor manera de limitar el consumo de estas drogas, de todo tipo de drogas. El encanto de lo prohibido siempre forma parte de nuestra naturaleza rebelde.

Así, conscientes del uso y necesidad del vehiculo y de la imposibilidad de erradicar el consumo de drogas, desde la libertad individual de cada uno y sin esas campañas-anuncio por parte del gobierno volvemos a donde estamos. Bueno casi de un plumazo, legalización y educación, hemos reducido los impuestos del gobierno y esto no iba a gustar mucho a los recaudadores.

Si dejamos, entre otras muchas cosas por no tener solución valida que ofrecer, el consumo de las drogas, tabaco y alcohol incluidos, y la velocidad podríamos fijarnos en la realidad cotidiana y una denuncia de la cual parece no queremos hacernos eco.

El trabajo es la más mortal de nuestras actividades.

El trabajo produce al año muchas más muertes que los accidentes de circulación o el consumo de drogas.

También el trabajo produce envidiables dividendos a las arcas del gobierno que graba al que lo facilita, patrón, como al que lo ejecuta, obrero.

Las muertes en el trabajo pueden ser evitadas, deben ser evitadas, desde la concienciación de todos por un trabajo más seguro y la aplicación de las medidas necesarias para lograr que efectivamente éste sea así.

¡Que bonito suena! Trabajo seguro, medidas de seguridad y concienciación.

El gobierno vuelve a dar la espalda a un problema que le viene demasiado grande acostumbrado como está más a los anuncios-declaraciones que a los hechos y su obligatoriedad.

El gobierno y socialista continúa haciendo bueno el trabajo basura, el contrato temporal, las horas extras, el despido libre y la persecución de los trabajadores más concienciados en tanto las empresas más conflictivas, estoy haciendo referencia única y exclusivamente a los accidentes laborales, continúan culpando al obrero y salvando los muebles.

En contra de las opiniones escuchadas estos días sí creo que la empresa debería ser sancionada por no obligar a los obreros, propios o autónomos, a protegerse, sí deberían sancionar a los empresarios como responsables civiles de los accidentes que estas medidas hubiesen evitado y por último los trabajadores que no hagan uso de las medidas puestas a su disposición deberían ser sancionados por la propia empresa en la cual ejercen su labor.

Seguramente no es tan fácil la realidad como la utopía, el poner en practica toda una educación. Siempre he pensado que la sanción como tal lo único que busca es la recolección de impuestos, de protección y seguridad en el trabajo nos llevara más tiempo, más muertos y heridos, que el deseado. Seguramente, si lo conseguimos, habrá merecido la pena el intentarlo.

Legislar medidas preventivas, sancionar su omisión, crear mutuas de trabajo y accidentes, manifestarse por la muerte de un trabajador, llorar esta muerte y declarar que esta muerte, este accidente, pudo ser evitado sirve para muy poco si no obligamos a cumplir a unos y otros evitando posibles y estériles lágrimas.

Los sindicatos tienen una culpa proporcional a su implantación territorial y/o su tamaño. Los sindicatos, algunos de ellos, están demasiado alimentados de las arcas o presupuestos del gobierno para dirigir su crítica hacia éste, hacia su dejar hacer y su inoperancia manifiesta. Algunos sindicatos dividen al obrero, incluso manifestando su repulsa ante una muerte en el trabajo, sabiendo que en la división está el triunfo, de la empresa en este caso.

Qué vergüenza. Una muerte y dos pancartas divididas y diferenciadas, dos grupos divididos y diferenciados. Un muerto.

Qué vergüenza sindicatos como estos, gobiernos como estos.

El trabajo es tan malo que incluso nos pagan por hacerlo. Es tan malo y tan peligroso que incluso podemos morir en el tajo por nuestra culpa.

Recordemos aquel “El tabaco advierte que este gobierno es peligroso para la salud” lema que siguió a la imposición de lemas que recordaban del peligro que el consumo del mismo.

Así y solo por llevarle la contraria al gobierno dediquemos nuestro tiempo libre, si lo tenemos, a ponernos ciegos de coca, a fumar como descosidos, a volar en nuestros coches, y beber como cosacos. Todo ello mata pero lentamente, el trabajo lo hace de sopetón.

Escrito por Prensa Alternativa
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