Reflexiones. En la actualidad no son pocos los que cuestionan ¿para qué sirve la ONU?

Archivado en Internacional • Fecha: 04-07-2005 18:35:43

¿Para qué sirve la ONU?Argumentos sobran:

— Se hacen guerras que ponen al borde del Apocalipsis al mundo y, o no se cuenta con la ONU, o se ignora lo que ella aprueba.

— Se acuerda un plan (Ayuda para el Desarrollo) para que los estados más ricos contribuyan con un 0,7% de su PIB para paliar el hambre y la pobreza en las naciones del Tercer Mundo, y no se cumple, mientras la situación se hace cada vez más crítica para unos 1 000 millones de seres humanos.

— Se discuten y aprueban las llamadas Metas del Milenio (reducir la pobreza en un 50% para el año 2015), y ya todo el mundo sabe que ese objetivo es inalcanzable por culpa de los estados ricos.

— Se elabora el llamado Protocolo de Kyoto sobre el medio ambiente y otros planes para detener el deterioro de la capa de ozono y tratar de salvar al mundo de su autodestrucción, y el Gobierno de Estados Unidos se niega a firmarlo y por tanto a cumplirlo, siendo ese país el mayor emisor de gases contaminantes del planeta.

Y es lamentable —pero evidente— la involución que ha sufrido la ONU, cuya Carta aprobada hace 60 años, le asigna el papel de guardián de la paz y la convivencia mundial.

El mundo corre por el borde de un abismo, impulsado por un Gobierno neofascista instalado en Estados Unidos, y la organización mundial, o es ignorada o no se le tiene en cuenta cuando siquiera se atreve a propiciar alguna resolución que no coincida con los intereses de Washington. Es entonces cuando el todopoderoso VETO se pone en práctica.

Si acudimos a lo sucedido en la última década para medir la eficiencia de las Naciones Unidas, nos daremos cuenta de que, mientras las armas y el hegemonismo imperial han dominado y dominan el lenguaje universal, las nobles propuestas aprobadas por los gobiernos del concierto de naciones han quedado rezagadas o en letra muerta.

Hoy en día, la ONU está abocada a sufrir reformas —necesarias además—, pero la Administración norteamericana pretende imponer al organismo facultades para convertirlo en una verdadera institución policiaca que proteja los intereses geopolíticos de Occidente.

En este contexto no se puede olvidar la posición ventajosa de Estados Unidos, país anfitrión de la organización mundial y que aporta el 22% del presupuesto operacional de la institución y el 27% de los fondos destinados a las llamadas misiones para el mantenimiento de la paz.

Incluso, el Congreso norteamericano cuenta con una legislación que posibilitaría mantener en suspenso la mitad de los adeudos que tiene ese país con la ONU, a menos que se cumplan los requerimientos de la Administración de Bush.

Si tenemos en cuenta que mientras esto sucede en relación con la ONU, ese mismo Gobierno aprueba una cifra superior a los 500 000 millones de dólares para la guerra y la muerte, se hace más comprensible el porqué de las dudas sobre la existencia misma del organismo que ahora llegó a sus 60 años.

El aniversario 60 de la Carta de la ONU y la Cumbre Mundial que se celebrará en Naciones Unidas entre el 14 y el 17 de septiembre próximo —considerada la mayor cita de jefes de Estado de la historia—deben mover al mundo a expresar un SOS por salvar a la organización, y con mensajes que apelen a los países miembros a tomar decisiones audaces y adoptar una reforma que le devuelva la credibilidad perdida.

No basta con que las actuales autoridades reconozcan que la ONU ha tenido fracasos, y se ponga como ejemplo el de no prevenir el genocidio de Ruanda.

Es verdad: en esa nación africana, afectada como todas las de la región por siglos de colonialismo y explotación, pudo evitarse que cientos de miles de sus hijos murieran como consecuencia de conflictos que aún existen en el siglo XXI y que no serán resueltos mientras el hambre, la miseria y las enfermedades dominen el contexto en que nacen y malviven cientos de millones de personas.

Ruanda es solo un ejemplo, pero existe una guerra contra Iraq, el más actual y peligroso ejemplo del mundo en que vivimos y del estado deprimente en que han quedado sus instituciones, en primer lugar las Naciones Unidas.

Cuando los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono decidieron lanzar las armas contra la nación del Golfo, primero no consultaron a la ONU y luego, cuando esta se opuso, la ignoraron y humillaron, y el imperio decidió ocupar Iraq aunque decenas de miles de personas murieran o fueran heridas y mutiladas, y la riqueza material y cultural del país quedara en ruinas.

Algo similar ocurre en otras instituciones de la ONU como, por ejemplo, la Comisión de Derechos Humanos que sesiona en Ginebra.

¿Alguien en este mundo puede creer que tenga algo de real y beneficioso aquel ejercicio estéril que ha convertido en un circo de mala muerte a una institución que debía poner freno a la manipulación, el chantaje, las amenazas y el doble rasero?

De servir para algo la CDH, debía, primero que todo, condenar enérgicamente a quienes son los más bárbaros violadores de los derechos humanos —los de Abu Ghraib y el campo de concentración en que han convertido la ilegal base de Guantánamo—, es decir al Gobierno de los Estados Unidos.

De todas formas, si faltaba algo por ver o conocer respecto a la actuación del Gobierno de Bush frente a la ONU, digamos que, aunque esta vez el aniversario era redondo (60 años), y en otras oportunidades a los festejos en la ciudad de San Francisco (donde fue creada en 1945) habían asistido cuatro presidentes en funciones, demócratas y republicanos, y el funcionario de menor rango fue un secretario de Estado, a la celebración de la semana pasada, la Casa Blanca solo envió a uno de los varios representantes que tiene ante los numerosos consejos del organismo, acción que se califica de verdadero desaire.

¿Qué más podemos pedir a un Presidente que ha decidido imponer como su representante ante el organismo mundial a un personaje tan cínico y siniestro, como lo es John Bolton, que hasta el propio Senado de los Estados Unidos se ha resistido a confirmarlo?

Esperemos que el mundo —si es que existe entonces— no tenga que esperar 60 años más para ver una ONU como se acordó hace seis décadas en la ciudad estadounidense de San Francisco...

Elsón Concepción Pérez | Diario Granma

Escrito por Prensa Alternativa
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