Buenaventura Rodríguez*. El pasado día 30 de mayo, con motivo de la entrega de los Premios y Medallas de Oro de Canarias, el señor Adán Martín pidió a los empresarios que fueran solidarios con los pobres. ¿A qué empresarios se refería el presidente? Quizás pensaba en los que se han beneficiado de su proximidad al Gobierno y han hecho grandes fortunas aprovechándose de la cada vez más difusa línea que separa el poder político del económico.
Pero, ¿es éste el prototipo de empresario en Canarias? La gran mayoría de los propietarios de negocios son personas cuyos ingresos son inferiores a los que perciben los miembros del gobierno o del parlamento de Canarias, a los que por cierto, el presidente no les pidió ningún ejercicio de solidaridad. Estos empresarios se esfuerzan por mantener con vida a sus empresas en un entorno cada vez más competitivo y con claros síntomas de estancamiento económico. Los emprendedores que tenemos la suerte o la capacidad de tener empresas rentables, nos dedicamos al mejor ejercicio de solidaridad que podemos hacer. Me refiero a la reinversión de los beneficios para hacer crecer el negocio y conseguir así crear nuevos puestos de trabajo.
Por eso, los auténticos empresarios, esto es, los que reinvierten continuamente sus beneficios, están luchando continuamente contra la pobreza. Sin embargo, ya que hablamos de lucha contra la pobreza, el señor Martín debería saber que desde su cargo también puede hacer mucho por esta causa. ¿Cuáles son las acciones que debería emprender? En primer lugar puede evitar el despilfarro del Ejecutivo autónomo. Como por ejemplo, los suntuosos y multitudinarios viajes que organiza su administración. El señor Martín sabe que los costes en los que hace incurrir a los canarios con estos viajes son muy superiores a los beneficios que perciben. Por eso, debería provocarle algún sonrojo que, a solo una semana de pedir solidaridad a los empresarios, su gobierno organice un costoso e inútil viaje a Japón. En segundo lugar, el señor Martín puede luchar contra la pobreza aumentando la eficacia de su administración y empleando el dinero ahorrado en ayudar a los más necesitados. ¿Un ejemplo concreto? A principios de año se publicaron las cifras de gasto y rendimiento escolar en las diferentes comunidades autónomas.
En el Archipiélago canario, para obtener unos rendimientos similares a los de Cataluña, el Gobierno se gasta casi 2.000 euros más por alumno y año.
Si multiplicamos este exceso de coste por alumno por los cientos de miles de escolares que existen en la región, tendríamos muchos millones de euros para luchar contra la pobreza. Y esto ocurre sólo en una de las consejerías. ¿Cuánto se despilfarra en todas las áreas del gobierno que preside el señor Adán Martín?
En tercer lugar, nuestro presidente puede luchar contra la pobreza definiendo de una vez un modelo de desarrollo económico para Canarias que permita crear empleo. El Ejecutivo regional continuamente persigue el final del arco iris, buscando un ficticio cofre de riquezas para nuestra región. Primero fueron las expectativas creadas con la especial fiscalidad de las ZEC, que supuestamente atraería la inversión de empresas europeas. Ahora, el arco iris se llama plataforma logística, donde lo que se promete es convertir a Canarias en una especie de Rotterdam del África occidental.
¿Y qué hay de la cruda realidad económica en la que estamos inmersos? Mientras el Gobierno mira hacia el arco iris, permite una gestión incompetente en el área de turismo, que es la actividad que nos está dando de comer y la que tiene un mayor abandono en las atenciones del presidente. El Gabinete regional da por perdida la lucha por la competitividad de nuestro turismo y sigue anclado en los viejos mecanismos de promoción, con lo que a medio plazo este sector puede entrar en una grave crisis.
No son los empresarios, sino la clase gobernante, entre la que se incluye el señor Martín, la que constituye la casta social privilegiada de canarias. La principal misión para muchos de ellos no es la de disminuir la pobreza, sino la de perpetuarse en el poder.
El señor Martín empezó su gobierno prometiendo felicidad para los canarios. Ahora da palos de ciego y pide a otros que hagan lo que él no es capaz de hacer. Vista su incapacidad para gobernar, todavía puede hacerle un gran servicio a su tierra: dimitir y dejar que otro más competente ocupe su cargo. No es lo mismo predicar que dar trigo.
Buenaventura Rodríguez* | Publicado en La Gaceta de Canarias, 11-06-2005
Enlace: Artículo de opinión leído en El Guanche
