La Asamblea Insular de Los Verdes de Canarias en Fuerteventura se constituye en febrero de 2003. Formada por personas vinculadas a experiencias y luchas en defensa de nuestro territorio y el medio ambiente, miembros activos en colectivos ciudadanos, vecinales y sociales o, simplemente, personas que –ante el grave deterioro medioambiental, la connivencia institucional y política con la especulación, el aumento de la conflictividad social, o la destrucción de nuestro patrimonio cultural, histórico y etnográfico- decidimos unificar nuestros esfuerzos para ofrecer una alternativa política en la Isla de Fuerteventura.
El 25 de mayo de 2003, (tres meses después de constituirnos formalmente) concurrimos por primera vez a las elecciones; nuestros recursos: entusiasmo, 60 mil pesetas de presupuesto y un megáfono. Desde la Asamblea Insular las expectativas se centraban más en situar el proceso electoral como un medio que difundiera la existencia de un nuevo partido, antes que un fin dirigido a la obtención de representación en las instituciones. Los resultados fueron sorpresivos: 906 votos (al Cabildo), 877 (al Parlamento) y 333 al Ayuntamiento de Puerto. ¿Qué hubiese ocurrido con más tiempo y un poco más de presupuesto? (los grandes partidos gastaron, cada uno, entre 50 y 100 millones de pesetas en su campaña en Fuerteventura)…
Esto no ha hecho sino empezar, y los resultados electorales han supuesto un estímulo, máxime cuando la distribución territorial de los votos ocupó toda la geografía insular. Aquellas y aquellos votantes y todos los apoyos que recibimos en nuestro quehacer cotidiano alientan nuestra lucha en defensa de una isla que va directa e irremisiblemente al naufragio: o se hundirá por el peso de los hoteles, o por los agujeros de los campos de golf. Una isla donde los especuladores no se esconden porque se han hecho dueños de nuestro territorio, una isla donde los políticos rinden pleitesía al lucro y al abuso, una isla, en fin, donde los poderes –político y económico (valga la redundancia)- han desplegado su trasmallo intentando atrapar a la ciudadanía con las modernas formas del caciquismo: favores que anulan voluntades y una guinda del suculento pastel económico a cambio de silencio y votos.
No engañamos a nadie, por eso hablamos claro y, advertimos, no somos políticamente-correctos, ni diplomáticos, ni nos situamos bajo el sol que más calienta, ni bailamos al son del euro, ni claudicaremos en nuestros principios, ni seremos partícipes de esta autodestrucción colectiva, Tampoco claudicaremos en nuestra defensa de los más débiles, ni de nuestro medio-ambiente, ni de nuestra apuesta por la regeneración democrática. No seremos cómplices ni compañeros de viaje de los que han querido convertir un paraíso natural y social en un futuro de hormigón y crispaciones.
Las predicciones no son halagüeñas. Inmersos en un mundo que ha conseguido globalizar las guerras pero no la riqueza y que está empeñado en un ataque feroz contra sí mismo, debemos de elegir, desde Fuerteventura, cuál será nuestra contribución al Planeta. Lo que se avecina sobre la isla para los próximos años se puede resumir gráficamente: 14 campos de golf (1 construido, 4 en construcción), ocupación total del litoral desde el Cotillo hasta Pozo Negro, 200 mil habitantes (más 150 mil turistas al día) en el año 2010, plataformas petrolíferas en nuestro mar, pérdida de nuestro suelo rural a base de urbanizaciones fantasmas, destrucción de nuestro patrimonio cultural e histórico (La Guirra, Tindaya, Huriamen, Los Enamorados,...), desaparición paulatina de las Playas de Sotavento y de Las Dunas de Corralejo, pérdida de calidad educativa y centros escolares masificados, proliferación de puertos deportivos y parques temáticos, sanidad pública desbordada, problemas de tráfico, de seguridad ciudadana,…
Por eso, antes de que sea demasiado tarde, antes de que seamos una imagen fotográfica que nos recuerde cómo éramos, antes de que tengamos que acudir a las hemerotecas y archivos para explicarle a las siguientes generaciones cómo conseguimos ser isla sin costa y pueblo sin historia, antes de que pasemos a la antología del disparate por nuestro eslogan “isla tranquila”, queremos manifestar que existen otras opciones: desarrollo sostenible, democracia, solidaridad y justicia social.
Fuente: Los Verdes de Fuerteventura
Enlace: El Trastón. Boletín informativo de Los Verdes de Fuerteventura
